Tus posturas, gestos y expresiones (tanto faciales como corporales) pueden revelar distintos aspectos de tu personalidad haciendo que resultes más o menos carismático en tu discurso.La clave está en transmitir ese carisma con autoridad, felicidad y energía, pues ese lenguaje no verbal puede proporcionar una mayor cantidad de información que la propia palabra. Por supuesto, cada gesto tiene que ser interpretado dentro de un determinado contexto. Y éste puede adquirir diferentes significados en distintas culturas. Pero la comunicación no verbal más básica sí que es interpretada de forma similar en cualquier parte del mundo. Asentir con la cabeza indica conformidad, acuerdo. Mover la cabeza de izquierda a derecha es un gesto de negación. Ojos: los guiños, por ejemplo, transiten simpatía y complicidad, mientras que la mirada fija, al igual que para el resto de animales, supone una amenaza. Una ceja levantada puede ser una señal de duda. Dos cejas, de sorpresa. Fruncir el ceño, de duda, disconformidad. Con las palmas de la mano hacia arriba transmitimos sumisión, hospitalidad. En cambio, con las palmas hacia abajo puede ser un gesto para adquirir autoridad. Señalar con el dedo al ritmo del discurso es un recurso muy utilizado por los políticos, pero en determinadas situaciones puede ser irritante para quien recibe el mensaje. Tristeza, estrés, nerviosismo… son emociones que se transmiten al oyente a través de diferentes gestos que deben ser camuflados. Estos sentimientos se hacen menos obvios con la edad y pueden ser evitados con entrenamiento. Es conveniente grabar tus exposiciones y verte desde la perspectiva del oyente, así limarás esos aspectos que diferencian a un buen orador de uno malo. |


